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Por: Sonia Gerth

Cimacnoticias | Ciudad de México.- 31/10/2018

La mujer más poderosa del mundo de los últimos años, según la revista “Forbes”, la cancillera alemana Ángela Merkel, se despide del escenario político. Como primer paso, anunció en Berlín que no se postulará para la jefatura de su partido, el Cristiano Demócrata, en las elecciones internas de diciembre. Agregó que después de esta legislatura, que termina en 2021, ya no buscaría un cargo político.

“No nací cancillera”, dijo en su conferencia de prensa, y agregó que a partir de 2021, no iba a buscar ni diputación ni puesto en la Unión Europea.

La mujer de 64 años, hija de un pastor luterano y criada en la antigua Alemania del Este, es doctora de física teórica y entró en la política después de la caída del muro. Su carrera se aceleró gracias a su mentor, el antiguo canciller Helmut Kohl, quien la nombró Secretaria de Mujeres y Juventud en 1991.

Luego, pasó a la Secretaría de Medio Ambiente, y en 2000, ascendió a la jefatura de su partido. Cinco años más tarde, se convirtió en la primera mujer cancillera alemana y una de las pocas lideresas mundiales.

Pero a pesar de que en su rol de jefa de Gobierno sirvió de ejemplo para muchas mujeres, los derechos de ellas nunca fueron parte explícita de su agenda política. Ella no se considera feminista.

En un panel en el marco de la Cumbre W20 de mujeres del año 2017, donde ella participó junto a la directora del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde y la asesora del presidente de Estados  Unidos, Ivanka Trump, cuando preguntaron quién se consideraba feminista, todas levantaron la mano menos Merkel.

La jefa de Estado contestó de manera “más merkelesca”, como lo describió el periódico “The Guardian”, y esquivó, dando largas explicaciones para al fin decir que otras habían luchado más y que ella no quería adornarse con los méritos de otras.

En sus 4 años como Secretaria de la Mujer, no empujó proyectos de trascendencia. Años más tarde, ella narró que su éxito más grande en ese tiempo fue una ley en la cual se decía que las mujeres fuera de trabajo “deberían” recibir 50 por ciento de la asistencia del Estado para recibir capacitaciones laborales.

Merkel rompió el “techo de cristal” de su partido conservador siendo mujer y siendo del Este del Alemania, de donde provienen pocos políticos al nivel federal, pero nunca fue partidaria de cuotas. En la Cámara de Diputados, elegida en 2017, 197 de los representantes del partido Cristiano Demócrata son hombres y solamente 49 mujeres.

Como cancillera, se opuso a las cuotas obligatorias que una de sus Secretarías de Mujeres quería introducir para las juntas directivas de las grandes empresas en Alemania. Años más tarde, y con otra ministra, la medida sí pasó. Las mujeres ahora representan 30 por ciento de integrantes de esas juntas, pero sólo en las cien empresas más grandes del país.

Según observadoras y observadores políticos, Merkel ha cambiado el rumbo de su partido desde una agenda muy conservadora a una más liberal. Describen su estilo político como moderado y calmado, con un talento de negociar compromisos, pero las y los críticos dicen que no tiene visión propia y que adapta su política pública a la opinión popular.

Ejemplifican lo que sucedió con la energía nuclear, de la cual fue defensora absoluta hasta el desastre de Fukushima, Japón, en 2011, y el siguiente cambio de opinión pública. Inmediatamente después, el gobierno Merkel anunció el cierre de todas las plantas nucleares en Alemania hasta 2022.

En cuanto al matrimonio igualitario, siempre se sentía incómoda. En 2013, declaró que tenía “dificultades” con la adopción por parte de parejas homosexuales, y que no sería ella quien tomaría la iniciativa para cambiar la ley. Pero con el paso del tiempo, los derechos de la comunidad LGBTI fueron más reconocidos, también entre fracciones conservadoras.

En 2017, Merkel misma hizo posible una votación en el parlamento, porque dio libertad de voto a las y los integrantes su grupo sobre el matrimonio igualitario y el derecho a la adopción. La ley pasó con mayoría,  incluyendo 70 votos cristiano-demócratas. Merkel votó en contra.

La brecha salarial de género en Alemania es del 21 por ciento, pero Merkel nunca favoreció acciones afirmativas. Su partido se opone a cambiar leyes fiscales que favorecen el modelo familiar de una persona que trabaja tiempo completo (en la mayoría de los casos, el hombre), y otra que no trabaja o trabaja pocas horas (la mujer).

Aunque nunca promovió activamente la igualdad de género, las y los comentaristas de medios progresivos en Alemania advirtieron que aunque no fue feminista, “de vez en cuando permitió algún progreso”, como escribió Helen Hahne para la revista feminista “Edition F”.

La periodista recordó que entre las personas que ahora disputan su sucesión como jefa de partido, hay un ministro que “comparó las píldoras abortivas con un M&M”, una funcionaria que “consideró el matrimonio igualitario como un matrimonio entre hermanos”, y un abogado que se hizo rico con la ayuda a la evasión fiscal. Por lo tanto, concluyó Hahne en su comentario: “Podríamos llegar a extrañarla en el futuro”.

18/SG/LGL