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El Fondo de Población de Naciones Unidas publicó un informe en el que revela que ningún país del mundo garantiza el acceso universal a anticonceptivos, a educación sexual y libertad reproductiva, por lo cual la fecundidad no es totalmente decisión de las personas.

 

Actualmente, en ningún país del mundo las personas en edad reproductiva deciden libremente cuántos hijos tener, según el Fondo de Población de Naciones Unidas (UNFPA). La decisión de miles de personas todavía está condicionada a factores económicos y laborales, a desabasto de anticonceptivos e incluso se sigue negando los métodos a los jóvenes por prejuicios del personal de Salud, denuncia la organización en un informe.

Una de las principales limitantes a la libertad de decidir, según el UNFPA, es la insuficiencia de servicios de salud de calidad, pues en varios países siguen existiendo barreras jurídicas para acceder a los métodos anticonceptivos, como a los solteros o menores de edad. “Incluso cuando las leyes permiten que las mujeres o adolescentes solteras accedan a los servicios de anticoncepción, algunos proveedores con prejuicios se niegan a proporcionarlos”, refiere el informe sobre el estado de la Población Mundial del Fondo, publicado este miércoles.

En México, por ejemplo, las mujeres se enfrentan a múltiples barreras de acceso a la información, anticonceptivos y servicios de salud sexual y reproductiva, de acuerdo con el Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir. Estas barreras incluyen la falta de educación formal, la subordinación de las mujeres adolescentes y jóvenes ante sus familias o comunidades, la falta de servicios cercanos o transporte, la violencia, la estigmatización y discriminación por procedencia étnica, identidad de género, la condición de salud y edad, ha advertido la organización.

Incluso, muchas mujeres mexicanas aún son rechazadas en los servicios públicos de salud por ser solteras.

Pese a que 179 gobiernos ratificaron el Programa de Acción de la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo en 1994 -entre ellos México- mediante el cual se comprometieron a permitir que la población tomara decisiones informadas sobre su salud sexual y reproductiva como parte de los derechos humanos fundamentales, en ningún lugar del mundo todas las personas están plenamente empoderadas para ejercer sus derechos reproductivos, señala el informe del UNFPA.

Entre las barreras que los estados siguen imponiendo a la libre decisión sobre un embarazo está la prohibición legal de interrumpirlo, confirmó la oficina en México del UNFPA. También incluye la escasa educación sexual como factor limitante de los derechos reproductivos, y cuando existe, es de mala calidad, lo cual priva a los jóvenes de las habilidades y conocimientos necesarios para tomar decisiones bien informadas, advierte el documento.

Este nuevo informe mundial, titulado ‘El poder de decidir’, enlista los factores que obstruyen el ejercicio de los derechos reproductivos e impiden que la decisión sobre la paternidad y maternidad se base estrictamente en los planes y deseos de los padres. Los más frecuentes son sistemas de salud que niegan servicios esenciales como el acceso a anticonceptivos; las barreras económicas y laborales (empleos de mala calidad y mal remunerados) y la ausencia de servicios de cuidado del niño.

Estos factores no sólo frenan la libertad y desarrollo de las personas en lo individual, sino también afectan a la sociedad en su conjunto porque puede frenar o acelerar el progreso económico y el bienestar, refiere el texto. En cambio, una fecundidad libre frenaría los embarazos no planeados y detonaría el crecimiento.

En todos los países hay grupos cuyos derechos reproductivos se encuentran especialmente en peligro, de acuerdo con el informe del Fondo: personas pobres, que viven en zonas rurales, jóvenes o hablantes de una lengua distinta a la empleada en los servicios de salud; quienes suelen presentar las tasas más elevadas de necesidades no satisfechas de métodos anticonceptivos, así como de embarazos no deseados.

Uno de los retos más graves que enfrentan los derechos reproductivos en el mundo es el embarazo adolescente, en el que México ocupa el primer lugar en los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). De acuerdo con el Fondo de Naciones Unidas para la Población, los jóvenes suelen encontrar obstáculos en el acceso a los métodos anticonceptivos con mayor frecuencia, así como en el acceso a educación integral de la sexualidad.

“La iniciación sexual temprana, las relaciones sexuales sin protección, las tasas elevadas de error en el uso de los anticonceptivos y las uniones tempranas también contribuyen a incrementar la fecundidad adolescente en la región. En algunos países, los menores, ya sean pobres o ricos, tienen un acceso limitado a los anticonceptivos de emergencia y pueden necesitar el permiso de los progenitores para acceder a métodos anticonceptivos modernos, como la píldora”, señala al respecto el Informe.

Hasta 95% de los partos en la adolescencia,  según el reporte, tienen lugar en países en desarrollo, y 9 de cada 10 se producen en el seno del matrimonio o de una unión libre. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, las complicaciones asociadas al embarazo y a los abortos en condiciones de riesgo son las causas principales de muerte entre adolescentes de 15 a 19 años.

Desigualdad de género institucionalizada

La discriminación de género ha generado muchos de los obstáculos “insuperables” para ejercer los derechos reproductivos, indica el informe del UNFPA. Muchas mujeres aún padecen una situación de subordinación, lo que implica que no conocen o no comprenden plenamente sus derechos o cómo reclamarlos, advierte. También puede significar que no gozan del poder ni la independencia para decidir si desean embarazarse.

“La desigualdad de género institucionalizada, que puede manifestarse a través de servicios de atención de salud no adecuados, puede dar pie a que las mujeres tengan más o menos hijos de los que realmente quisieran tener”, puntualiza el texto.

El fuerte desequilibrio en la repartición de las labores de cuidados no remunerados relacionadas con la crianza de los niños también condiciona las decisiones sobre su fecundidad y su vida laboral, advierte, pues la obligación de cumplir con estas tareas las lleva a depender del hombre como sostén de la familia, a perder oportunidades de trabajo remunerado y a pagar un alto precio físico y mental derivado de su estado de agotamiento.

Cuidados: el ancla de las mujeres

Las mujeres de la región suelen tener una responsabilidad desproporcionada en la crianza de los hijos, coincide este informe con el de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sobre las labores de Cuidado. Esta norma basada en la desigualdad entre los géneros, junto con la carencia de alternativas para el cuidado del niño, da pie a que mujeres que desean trabajar y tener hijos acaben recurriendo a empleos mal remunerados y a tiempo parcial en lugar de acceder a puestos a tiempo completo en ámbitos mejor remunerados, lo que amplía la brecha de género, advierte el UNFPA. “Para algunas, los costos de oportunidad son demasiado elevados y, por ende, deben renunciar a tener hijos por completo”, puntualiza.

La desigualdad de género se manifiesta en el uso que cada uno da a sus derechos laborales, según el Fondo. La mayoría de las mujeres que tienen hijos hacen uso de la totalidad de su licencia de maternidad, sin embargo, cuando vuelven al trabajo, generalmente han perdido salario y oportunidades de desarrollo profesional en comparación con los varones. Aunque ellos también tienen derecho a solicitar el permiso parental, casi nunca lo hacen: solo uno de cada 100 hombres en el mundo permanece en el hogar para cuidar de los hijos, según datos del informe.

“Aun cuando las mujeres han ganado igualdad en el acceso a la educación y el trabajo, sus decisiones familiares y laborales continúan estando limitadas por su ‘segundo turno’, pues han de ocuparse del cuidado de los niños y del hogar. Las mujeres aún están coartadas por la desigualdad de género en el hogar, lo cual puede contribuir a la baja fecundidad”, refiere.

El matrimonio infantil y, en consecuencia, la maternidad a edad temprana también tienen efectos socioeconómicos negativos, ya que interrumpen la educación de las niñas y, por tanto, las privan de la oportunidad futura de incorporarse en la fuerza de trabajo remunerada fuera del hogar.

La OCDE calcula una tasa de 22.1% de jóvenes mexicanos que no estudian ni trabajan hasta 2015, muy por encima del promedio de los países miembro, que es de 15%, y las mujeres de entre 15 y 29 años tienen cuatro veces más probabilidades de estar desocupadas que los varones, subraya un reporte de 2016 de la organización.

Para combatir esta desigualdad de género y la violación a los derechos reproductivos alrededor del mundo, el UNFPA llama a los gobiernos a adoptar políticas públicas para incrementar el trabajo decente, las licencias parentales, la disponibilidad de viviendas asequibles y servicios de guardería de calidad. “Entre otros ejemplos, cabe mencionar los sistemas y estructuras que permiten a las mujeres incorporarse y permanecer en la fuerza laboral remunerada si deciden tener hijos, así como la aplicación de leyes que prohíben el matrimonio infantil”, indica su informe sobre Población 2018.

Esta imperante imposibilidad de decidir libremente cuántos hijos tener, en qué momento y bajo qué condiciones, impedirán que en el mundo se cumpla el Objetivo de Desarrollo Sostenible del Milenio número 17, referente a la igualdad de Género, concluye el informe del UNFPA. En su inciso 5.6, el ODS 17 exige “garantizar el acceso universal a la salud sexual y reproductiva y los derechos reproductivos”.

Esta publicación fue posible gracias al apoyo de Fundación Kellogg.